
Fotografiar arquitecturas, especialmente las de Antoni Gaudí, plantea un reto particular y formula una pregunta inevitable: ¿qué puede aportar una nueva mirada sobre obras tan fotografiadas?
La arquitectura de Antoni Gaudí es, desde hace décadas, una de las más fotografiadas del mundo, y su bibliografía enorme. Las imágenes tomadas por fotógrafos, profesionales o aficionados, provocan en quien las contempla el deseo de conocer directamente sus edificios y movilizan cada año a millones de personas desde los países más distantes del planeta hasta los lugares donde éstos se encuentran, generando nuevas fotografías.
Aitor Ortiz asumió el reto de fotografiar la arquitectura del genio catalán para explicar algo que no hubiera sido visto de la misma forma hasta ahora. No se propuso buscar elementos todavía no fotografiados (quizás algo imposible), sino mirarlos con la austeridad y la distancia proporcionadas. Al mismo tiempo, de forma sutil, también nos muestra el Gaudí que transitó entre la tradición artesana del pasado y la modernidad tecnológica de su tiempo, incidiendo en la importancia de su taller-laboratorio, espacio germinal de todo su proceso creativo. Al eliminar la retórica del color y adentrarse en los detalles, no sólo descubre a un Gaudí sorprendentemente actual y moderno para su época, sino que se mantiene fiel al lenguaje que ha hecho reconocible su fotografía hasta ahora. La fuerza de Gaudí y la mirada de Ortiz establecen un diálogo en el que ambas muestran íntegras, pero acrecentadas, sus cualidades.
El montaje expositivo está formado por cerca de 70 obras de reducidas dimensiones y formato clasicista, pero resuelto con procedimientos de impresión y montaje muy contemporáneos. Destaca por su callada presencia, convirtiendo el silencio visual envolvente, como en la música de Frederic Mompou, en protagonista, entre dos sonoridades íntimas o más bien entre dos imágenes silenciosas.